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4 de junio de 2017
Unos versos
Más allá del océano hay un tiovivo,
Carrusel de los sueños voladores de colores
Tan vivos,
Y toldo de caracola blanca.
Pequeña casa de cristal
Y tejado espiral.
Dentro hay peces que saltan,
Giran en su cueva submarina
Y se iluminan con luz azul, violeta,
Rosa, verde y amarilla,
Morado y azul turquesa
Y sueños de la infancia,
Jugando a ser sirena.
28 de agosto de 2013
Tiempos remotos
Siglos ha que moraron caballeros
Rocinante, Quijote y Sancho Panza
luchando para perseguir su andanza
y vencer malandrines y escuderos.
Gigantescos villanos traicioneros
que batían los brazos sin mudanza
y hacia ellos corrieron sin tardanza
para enfado de pobres molineros.
Armaduras, castillos olvidados,
escudos oxidados y herrumbrosos,
mazmorras y tesoros enterrados.
Muertos ya los guerreros peligrosos
Y los héroes de antaño están cansados
De aventuras y bosques tenebrosos.
Rocinante, Quijote y Sancho Panza
luchando para perseguir su andanza
y vencer malandrines y escuderos.
Gigantescos villanos traicioneros
que batían los brazos sin mudanza
y hacia ellos corrieron sin tardanza
para enfado de pobres molineros.
Armaduras, castillos olvidados,
escudos oxidados y herrumbrosos,
mazmorras y tesoros enterrados.
Muertos ya los guerreros peligrosos
Y los héroes de antaño están cansados
De aventuras y bosques tenebrosos.
18 de junio de 2013
Todo a la vez
Juegos de mesa medievales.
Librerías de viejo.
Caracolas con motas marrones.
Sellos extranjeros.
Museos de historia natural
con un esqueleto enorme en el centro.
Grabados antiguos.
Callejas de piedra.
Libros de fantasía agotados.
Misterios por resolver.
Todo a la vez.
17 de mayo de 2013
La lámpara mágica (Relato)
-¿Adónde vamos?
-Es una sorpresa.
-¿Por mi cumpleaños?
-Sí. Te va a encantar.
Las dos hermanas se adentraron en el laberinto de calles grises, entre paraguas, charcos y lluvia.
Felicity, que cumplía ocho años al día siguiente, era mucho menor que Myriam. Por esto, y por otras muchas cosas, tenía un gran cariño y admiración hacia su única hermana.
Ya se oían los truenos. Felicity se arrebujó en su impermeable y Myriam, que estaba empapada, trataba en vano de proteger a la pequeña de la galerna que estaba cayendo.
Se le había olvidado el paraguas.
Veinticuatro años de despistes. Veinticuatro años de sueños, de historias, de ilusión, de música.
Llegaron al edificio. Gente elegante y completamente seca iba entrando con orden.
-¿Vamos al teatro?
-¡Sí! Ahora dame la mano. No me gustaría que te perdieses.
El cartel llamó la atención de Felicity.
-¡Es "El Lago de los Cisnes"! -exclamó llena de alegría, y de un salto le plantó un beso a su hermana mayor.-¡Es el mejor regalo que he tenido en toda mi vida! ¡Vamos a ver un ballet!
-Y el mejor que existe, además.
Un hombre severo cogió las entradas que le tendía Myriam y rompió un trocito.
Dentro del teatro había una multitud que se movía muy lentamente.
-A este paso no llegaremos nunca a nuestros sitios.
-Shh.
Demasiado tarde. El hombre que estaba subiendo las escaleras se dio la vuelta y las miró reprobatoriamente.
Desde luego, no encajaban nada bien allí. Felicity, con su impermeable rojo, aún con la capucha calada, parecía una Caperucita perdida. El pelo negro y mojado de Myriam caía desordenadamente sobre su ojos azules, y su chaqueta de cuero hubiese sido muy adecuada para un concierto de rock, pero no en el teatro. Además, la chica iba dejando un rastro de gotitas de agua por todas partes.
Ella le devolvió la mirada con determinación. No se dio cuenta de que el hombre la había reconocido. No. Myriam era una persona despistada, un sabio en las nubes. Felicity, sin embargo, supo que algo no marchaba bien y apretó el brazo de su hermana significativamente.
-Ese hombre...Si esto fuera una historia de detectives, sería sospechoso.
Myriam rió.
Subieron otro piso más, y otro.
-¿Vamos arriba del todo? ¡Genial!
-No se llama "arriba del todo", Felicity. Es el Anfiteatro. Y aunque el escenario se ve lejos, disfrutas de una panorámica excelente y casi, casi, te puedes sentar en la gran lámpara del techo.
Myriam sabía inventar historias. La lámpara mágica... Siempre había soñado con sentarse en ella algún día. Aunque aquél era un motivo, la razón más poderosa por la que había sacado las entradas de Anfiteatro era el dinero del que disponía. Había empezado a trabajar hacía poco y su economía no era aún muy floreciente.
A pesar de todo, Felicity se mostró totalmente de acuerdo, aunque manifestó su pena por perderse los detalles de lo que iba a ocurrir allá abajo.
-No te preocupes, tengo algo para ti. Es justo lo que necesitamos.
Dicho esto, sacó de los profundos bolsillos de su chaqueta sendos pares de prismáticos, y le tendió uno.
-Sólo te pido que no los estropees. Es el único par que tengo.
-¿Y el otro?
-Es de papá.
-¿Crees que me los regalará cuando sea mayor?
-Puede ser.
Mientras Myriam instruía a Felicity en el uso de los binoculares para que pudiese disfrutar del ballet, la lámpara comenzó a apagarse. Felicity le tiró de la manga y se sentaron precipitadamente en el lugar que les correspondía.
Debajo se vislumbraba todo el patio lleno de cabezas de personas, las filas de asientos a diferentes alturas, el enorme telón rojo.
La gran lámpara y todas las demás luces se apagaron.
La orquesta, desde el foso, comenzó a tocar la música de Tchaikovsky.
(Esta historia se ha publicado en la web oficial de Cornelia Funke)
-Es una sorpresa.
-¿Por mi cumpleaños?
-Sí. Te va a encantar.
Las dos hermanas se adentraron en el laberinto de calles grises, entre paraguas, charcos y lluvia.
Felicity, que cumplía ocho años al día siguiente, era mucho menor que Myriam. Por esto, y por otras muchas cosas, tenía un gran cariño y admiración hacia su única hermana.
Ya se oían los truenos. Felicity se arrebujó en su impermeable y Myriam, que estaba empapada, trataba en vano de proteger a la pequeña de la galerna que estaba cayendo.
Se le había olvidado el paraguas.
Veinticuatro años de despistes. Veinticuatro años de sueños, de historias, de ilusión, de música.
Llegaron al edificio. Gente elegante y completamente seca iba entrando con orden.
-¿Vamos al teatro?
-¡Sí! Ahora dame la mano. No me gustaría que te perdieses.
El cartel llamó la atención de Felicity.
-¡Es "El Lago de los Cisnes"! -exclamó llena de alegría, y de un salto le plantó un beso a su hermana mayor.-¡Es el mejor regalo que he tenido en toda mi vida! ¡Vamos a ver un ballet!
-Y el mejor que existe, además.
Un hombre severo cogió las entradas que le tendía Myriam y rompió un trocito.
Dentro del teatro había una multitud que se movía muy lentamente.
-A este paso no llegaremos nunca a nuestros sitios.
-Shh.
Demasiado tarde. El hombre que estaba subiendo las escaleras se dio la vuelta y las miró reprobatoriamente.
Desde luego, no encajaban nada bien allí. Felicity, con su impermeable rojo, aún con la capucha calada, parecía una Caperucita perdida. El pelo negro y mojado de Myriam caía desordenadamente sobre su ojos azules, y su chaqueta de cuero hubiese sido muy adecuada para un concierto de rock, pero no en el teatro. Además, la chica iba dejando un rastro de gotitas de agua por todas partes.
Ella le devolvió la mirada con determinación. No se dio cuenta de que el hombre la había reconocido. No. Myriam era una persona despistada, un sabio en las nubes. Felicity, sin embargo, supo que algo no marchaba bien y apretó el brazo de su hermana significativamente.
-Ese hombre...Si esto fuera una historia de detectives, sería sospechoso.
Myriam rió.
Subieron otro piso más, y otro.
-¿Vamos arriba del todo? ¡Genial!
-No se llama "arriba del todo", Felicity. Es el Anfiteatro. Y aunque el escenario se ve lejos, disfrutas de una panorámica excelente y casi, casi, te puedes sentar en la gran lámpara del techo.
Myriam sabía inventar historias. La lámpara mágica... Siempre había soñado con sentarse en ella algún día. Aunque aquél era un motivo, la razón más poderosa por la que había sacado las entradas de Anfiteatro era el dinero del que disponía. Había empezado a trabajar hacía poco y su economía no era aún muy floreciente.
A pesar de todo, Felicity se mostró totalmente de acuerdo, aunque manifestó su pena por perderse los detalles de lo que iba a ocurrir allá abajo.
-No te preocupes, tengo algo para ti. Es justo lo que necesitamos.
Dicho esto, sacó de los profundos bolsillos de su chaqueta sendos pares de prismáticos, y le tendió uno.
-Sólo te pido que no los estropees. Es el único par que tengo.
-¿Y el otro?
-Es de papá.
-¿Crees que me los regalará cuando sea mayor?
-Puede ser.
Mientras Myriam instruía a Felicity en el uso de los binoculares para que pudiese disfrutar del ballet, la lámpara comenzó a apagarse. Felicity le tiró de la manga y se sentaron precipitadamente en el lugar que les correspondía.
Debajo se vislumbraba todo el patio lleno de cabezas de personas, las filas de asientos a diferentes alturas, el enorme telón rojo.
La gran lámpara y todas las demás luces se apagaron.
La orquesta, desde el foso, comenzó a tocar la música de Tchaikovsky.
(Esta historia se ha publicado en la web oficial de Cornelia Funke)
13 de octubre de 2012
Something I wrote
My favorite thing about fall is the fantasy in the air, the woods, the owls, the breeze, the rain at night, the golden sun through the leaves, getting cozy at home reading books, and the fact that Christmas is nearly there, and fall fruits and sweets.
17 de junio de 2012
Escritos del tiempo que fue (IX)
"De la bruja buena Marcelina y otras cosas increíbles" - Cuento infantil
Una vez, en un lejano lugar llamado la Ponderosa, existió una bruja buena. Nadie sabía su verdadero nombre, pero los pocos que lograban verla le decían Marcelina.
Tenía esta bruja un listo cuervo que viajaba con ella y cuya saliva tenía la facultad de curar.
Los gnomos que vivían bajo las raíces de los árboles y dentro de las setas se llevaban bien con Marcelina, y le ofrecían sabios consejos antes de subir los montes con alegría y bajar los valles con ilusión.
Volaban los gnomos encaramados en águilas y búhos, Marcelina pilotaba con mucho arte una avioneta. Solía pasar a toda velocidad sobre la Ponderosa, y algunos niños la saludaban desde abajo agitando la mano. Muchas veces se equivocaban y saludaban a conductores de avionetas corrientes y molientes, pero no perdían la esperanza de ver en alguna ocasión a la bruja buena Marcelina.
Había en casa de Marcelina unas viejas tijeras. Yo las probé una vez y no logré que funcionaran. Pero la bruja sabía hacer maravillas con ellas. Daba tijeretazos aquí y allá con maestría y hacía trajes para los niños. Eran, eso sí, unos trajes muy especiales: trajes de peregrino, de hada e incluso de hombre de las cavernas, lo que ellos le pidieran.
Así que, si algunas vez lográis llegar a la Ponderosa, buscad a la bruja Marcelina.
15 de junio de 2012
Pesadillas
Andrea y yo viajábamos y nos hicieron salir de nuestro vehículo. Lamentando profundamente dejar a mi pingüino dentro de la maleta (jamás lograría encontrarlo a tiempo), agarré un bizcocho y un libro y salí. Andrea cogió una manzana y un ejemplar de David Copperfield y se precipitó a la carretera. ¿O era una estación de tren?
Todo cambió. Aparecimos en una especie de pueblo donde había túneles de madera y personajes malvados que querían matarnos costara lo que costase. Cada vez se complicaba más el laberinto. Y encima había dos seres iguales. Uno era amigo, y el otro un mortal enemigo. Tras un siniestro juego de escondite y una horrible y sangrienta persecución de la que no quiero acordarme, conseguimos escapar. ¿Por qué digo que esto fue una pesadilla? Si hubierais visto la sangre que había todo el rato y el constante peligro de morir una muerte violenta, lo habríais entendido.
Pero lo mejor es el final. Conseguimos huir de la manera más absurda posible: por un túnel diminuto escondido en una máquina expendedora de chuches! Uf.
Todo cambió. Aparecimos en una especie de pueblo donde había túneles de madera y personajes malvados que querían matarnos costara lo que costase. Cada vez se complicaba más el laberinto. Y encima había dos seres iguales. Uno era amigo, y el otro un mortal enemigo. Tras un siniestro juego de escondite y una horrible y sangrienta persecución de la que no quiero acordarme, conseguimos escapar. ¿Por qué digo que esto fue una pesadilla? Si hubierais visto la sangre que había todo el rato y el constante peligro de morir una muerte violenta, lo habríais entendido.
Pero lo mejor es el final. Conseguimos huir de la manera más absurda posible: por un túnel diminuto escondido en una máquina expendedora de chuches! Uf.
13 de junio de 2012
Menegroth, Las Mil Cavernas
daba su sombra a los pájaros de colores.
Más allá de las puertas la plata única refulgía.
Estancias rocosas con linternas altas
y fuentes y nenúfares y jardines.
2 de febrero de 2012
Algo que se me ocurrió
En esta fotografía salen unas lechuzas mirando el paisaje. Están en una rama de un árbol muy alto. Es una rama desde donde se puede echar a volar. Desde donde se puede contemplar el infinito en compañía de los buenos amigos.
Pasan millares de bellotas luminosas, pululando con un rumbo fijo (ya sabemos que ningún viento es favorable para el que no sabe adónde va) .
Un árbol donde vivir tranquilamente y escribir sobre mitos que quizá existirán o que a lo mejor nunca existieron.
-Es un fotograma de la película "Ga´hoole, La leyenda de los guardianes"
16 de enero de 2012
Sin título. 2012.
Ya he publicado aquí un trozo de esta poesía, pero pedía una continuación, y aquí está. Pero no logré encontrar un título bueno...
Hay una tormenta. en el horizonte
Hay un frío viento que viene y que va
Hay una linterna que brilla en el puerto
Hay una ventana que mira hacia el mar
Hay una barquita que nada en el tiempo
Hay un viejo sueño que ya se perdió
Hay un rompeolas que rompe el silencio
Hay unas estrellas que esperan al sol
Hay peces que vuelan allá en lo profundo
Hay agua que choca sobre un espigón
Hay lluvia que cuenta leyendas a gritos
Hay magia que brota de cualquier rincón
Hay un plenilunio que alumbra las aguas
Hay chispas de oro, zafiro y cristal
Hay barcos que llegan de tierras lejanas
Hay un viento eterno que torna a soplar
Hay unos planetas que surcan el cielo
Hay constelaciones de otro lugar
Hay horas tardías que tejen el tiempo
Hay truenos que traman volver a tronar.
5 de noviembre de 2011
Escritos del tiempo que fue (VIII)
Ésta es una poesía bastante poco común. Una especie de trabalenguas con palabras que empiezan por C. Es de hace mucho, mucho tiempo.
Cola del abecedario,
camioneta, coscorrón,
cuneta, chicle, canguro,
cachirulo, champiñón.
Cucaracha, cucharita,
cucharita, cucharón,
cucurucho, cucaracha,
calabaza, capuchón.
Cola del abecedario,
camioneta, coscorrón,
cuneta, chicle, canguro,
cachirulo, champiñón.
Cucaracha, cucharita,
cucharita, cucharón,
cucurucho, cucaracha,
calabaza, capuchón.
2 de noviembre de 2011
Escritos del tiempo que fue (VII)
Hay una tormenta. en el horizonte.
Hay un frío viento que viene y que va.
Hay una linterna que brilla en el puerto.
Hay una ventana que mira hacia el mar.
Hay un frío viento que viene y que va.
Hay una linterna que brilla en el puerto.
Hay una ventana que mira hacia el mar.
29 de octubre de 2011
Escritos del tiempo que fue (VI)
Hace un montón de tiempo que no pongo escritos de éstos. En concreto, aquí va una poesía rara. El número de sílabas por verso crece de 3 a 14 y luego vuelve a menguar. La rima no sigue ningún esquema conocido.
Estrella
de los días,
cuando venía
cruzabdo por mar,
mientras todos los astros
planeaban por los cielos
y lo miraban desde lejos
como viendo esperanzas pasar.
Las aves que volaban contra el viento
cantaban un canto hermoso en los albores,
y sus notas se parecían a las flores
que crecen en los campos y no tienen igual.
Alumbra con luz de plata en la noche oscura.
El sol no da luz a los mirlos cantores.
Grillos que cantan quitando dolores.
Sólo ha quedado la soledad.
La luna se llena y ya mengua.
La luna trae los recuerdos
de tiempos que se fueron
hacia otro lugar
de poesía,
poesía
lunar.
28 de octubre de 2011
La medida del tiempo
Ayer por la tarde empezaba a llover. Yo iba por una calle repleta de edificios dorados y faroles. El frío mordía y la gente se apresuraba debajo del cielo gris oscuro. Entré por un portón que surgía de repente en medio de la calle y el tiempo empezó a hacer de las suyas. Cómo no, era una exposición de relojes, y bien dijo una poeta que su sonido es un concierto, un concierto de cuerda. No había nadie más viendo la exposición. La lluvia empezó a caer con una fuerza inaudita, y empecé a dar vueltas por una sala llena de recovecos y de relojes, había doscientos, todos marcaban una hora diferente. Pero muchos estaban parados. Quizá habían dejado de funcionar hace mucho tiempo. Vi relojes de bolsillo, relojes enormes colgados en las paredes, relojes de mesa, relojes de péndulo, maquinaria que no supe exactamente qué era, y un despertador de marcha invertida. La mayoría de los relojes eran del siglo XIX y principios del XX, pero había alguno del XVIII. Pues he de decir que lo pasé estupendamente, porque tenía ganas de volver desde hacía años. Aquí dejo un link a una página con muchas fotos de la exposición. Por cierto, cuando salí llovía a mares y no llevaba paraguas.8 de septiembre de 2011
La sala del piano
Había una sala, al final de una biblioteca, al final de un pasillo. Nadie iba allí. Estaba en penumbra, pero había muchas ventanas con cortinas gruesas y azules. Todo en la sala era azul: tapices azules, muchos sillones azules y mullidos, sin nadie que se fuera a sentar en ellos, el suelo era de moqueta azul, todo era azul menos el piano. Eso era lo más importante. Por eso llamé a ese lugar mágico "la sala del piano". Allí se para el tiempo, sólo falta una chimenea con un fuego alegre para la completa felicidad.
22 de junio de 2011
Escritos del tiempo que fue (V)
A lo lejos se divisaba un ventanuco cubierto de geranios de todos los colores del arcoiris. Aquellos geranios eran muy peculiares: los rojos olían a fresa, los naranjas a cosquillas agridulces, los amarillos a bergamota, los verdes a prado recién cortado, los azules a brisa de la mañana, los añiles a madreselva y los violetas a romero. Todos tenían unas grandes hojas de color verde oscuro. Por el tiesto correteaba una alegre hormiga. Aquel ventanuco misterioso pertenecía a una casita encalada. Sus cristales eran esmerilados, lo cual impedía divisar lo que había dentro, pero nosotros no tenemos más que seguir leyendo para saberlo.
En la habitación donde estaba el ventanuco, un brujo paseaba de aquí para allá. Las paredes de la habitación estaban cubiertas de estanterías plagadas de probetas, alambiques, tubos de ensayo, ingredientes raros para pociones... y libros, muchos libros, muchísimos. La habitación era oscura y en una chimenea ardía un extraño fuego al que el brujo echaba pólvora de vez en cuando.
Por todos los rincones había hierro e inscripciones con soles, lunas y astros. Aquel brujo era un alquimista que intentaba convertir el hierro en oro. Poseía algo muy poco común. Al buscar en sus libros, encontró la respuesta. Era una piedra filosofal, color rojo sangre y con poderes para convertir el hierro en oro. El alquimista de puso contentísimo y vivió muchos años. A lo mejor todavía sigue vivo, porque desde el ventanuco se oye crepitar un fuego misterioso y, de vez en cuando, el sonido de la pólvora...
En la habitación donde estaba el ventanuco, un brujo paseaba de aquí para allá. Las paredes de la habitación estaban cubiertas de estanterías plagadas de probetas, alambiques, tubos de ensayo, ingredientes raros para pociones... y libros, muchos libros, muchísimos. La habitación era oscura y en una chimenea ardía un extraño fuego al que el brujo echaba pólvora de vez en cuando.
Por todos los rincones había hierro e inscripciones con soles, lunas y astros. Aquel brujo era un alquimista que intentaba convertir el hierro en oro. Poseía algo muy poco común. Al buscar en sus libros, encontró la respuesta. Era una piedra filosofal, color rojo sangre y con poderes para convertir el hierro en oro. El alquimista de puso contentísimo y vivió muchos años. A lo mejor todavía sigue vivo, porque desde el ventanuco se oye crepitar un fuego misterioso y, de vez en cuando, el sonido de la pólvora...
2 de junio de 2011
Poesía ilógica
Hay un método muy divertido para escribir poesía. Se cogen palabras de libros y luego se van pegando para hacer versos. Se pueden añadir otras palabras, pero el resultado es siempre un poco surrealista. Por ejemplo, ésto es lo que me salió a mí.
Cazó un veloz ratón francés
con tres cabezas que asomó
al gran portón, hocico al sol
morado del atardecer.
Leyó, saltó, escribió y contó
las letras locas del café,
rompió los vasos de papel
y luego los pegó.
Minutos de color añil
plasmó en la hierba verde mar
y fue de nuevo a navegar
en un barco de abril.
Cazó un veloz ratón francés
con tres cabezas que asomó
al gran portón, hocico al sol
morado del atardecer.
Leyó, saltó, escribió y contó
las letras locas del café,
rompió los vasos de papel
y luego los pegó.
Minutos de color añil
plasmó en la hierba verde mar
y fue de nuevo a navegar
en un barco de abril.
Escritos del tiempo que fue (IV)
Sacaba un pirata
de su gran tesoro
marfil, perlas, oro,
diamantes y plata,
memorias perdidas
y piedras valiosas,
vasijas antiguas,
mil cosas hermosas.
Y siguen saliendo
ruidos de las olas,
conchas, caracolas,
músicas y viento,
estrellas y lunas,
aromas de flores,
arena de playa,
luces de colores.
de su gran tesoro
marfil, perlas, oro,
diamantes y plata,
memorias perdidas
y piedras valiosas,
vasijas antiguas,
mil cosas hermosas.
Y siguen saliendo
ruidos de las olas,
conchas, caracolas,
músicas y viento,
estrellas y lunas,
aromas de flores,
arena de playa,
luces de colores.
24 de mayo de 2011
Surrealismo
Las ranunculáceas sueñan. Y el bosque azul gotea, chispea, crujen las hojas secas, que se cayeron hace cien otoños y todavía siguen ahí. Miles de luces brillan en los árboles dorados. Y en los árboles mojados brotan estrellas. La luna rema en el lago. Crecen los nenúfares. Una cigarra toca el violín. El azul nocturno lo llena todo, como una catarata. Constelaciones, planetas, meteoros, hemisferios, globos de luz, mapas del orbe de la tierra, libros y lupas, microscopios, brújulas, manzanilla y otras yerbas se acumulan en los estantes del bosque. Las escamas de los peces del lago son de metal.
Caen lluvias torrenciales y las hojas secas se convierten en barcos. Los cometas atraviesan los pinos, las hayas y los castaños. Alguien pasa por la Vía Láctea. El viento ulula como un búho. Es la hora de las brujas, pero no hay ninguna. Vuelan las luciérnagas de oro sobre las plantas chorreantes. Los grillos se unen al coro, y detrás vienen las lechuzas. La lluvia toca el tambor. Hay tejos que han visto más de mil otoños, y esperan hablando en voz baja. Hay nubes negras y grises, de color naranja y también azul-violeta. Esla hora fría que precede al amanecer, y todavía no hay brujas, ni duendes, ni hadas, ni gnomos. Pero hay setas, setas gigantes como paraguas.
Cada vez llueve más. Hay tréboles de colores y helechos prehistóricos, que se columpian al viento del oeste. Las manzanas parecen piedras rojas y las uvas emiten una luz de color verde y dorado. Las gotas de lluvia explotan al llegar al suelo. El bosque se convirtió en laguna y la laguna en un río. Pero hay un puente de piedra. La humedad se filtra por las rendijas del tiempo. Huele a tierra mojada y a hierba que crece en silencio, a siglos de lluvia y a árboles que desafían las horas, a minutos de musgo y a segundos de hongo, a tambor y a gaita, a madera y a resina.
Caen lluvias torrenciales y las hojas secas se convierten en barcos. Los cometas atraviesan los pinos, las hayas y los castaños. Alguien pasa por la Vía Láctea. El viento ulula como un búho. Es la hora de las brujas, pero no hay ninguna. Vuelan las luciérnagas de oro sobre las plantas chorreantes. Los grillos se unen al coro, y detrás vienen las lechuzas. La lluvia toca el tambor. Hay tejos que han visto más de mil otoños, y esperan hablando en voz baja. Hay nubes negras y grises, de color naranja y también azul-violeta. Esla hora fría que precede al amanecer, y todavía no hay brujas, ni duendes, ni hadas, ni gnomos. Pero hay setas, setas gigantes como paraguas.
Cada vez llueve más. Hay tréboles de colores y helechos prehistóricos, que se columpian al viento del oeste. Las manzanas parecen piedras rojas y las uvas emiten una luz de color verde y dorado. Las gotas de lluvia explotan al llegar al suelo. El bosque se convirtió en laguna y la laguna en un río. Pero hay un puente de piedra. La humedad se filtra por las rendijas del tiempo. Huele a tierra mojada y a hierba que crece en silencio, a siglos de lluvia y a árboles que desafían las horas, a minutos de musgo y a segundos de hongo, a tambor y a gaita, a madera y a resina.
17 de mayo de 2011
Pensamientos sueltos
Atardece en la ciudad del saber. Por la ventana de mi cuarto entra una luz verde como de bosque. A mi lado hay una gran libélula sin nombre que alumbra cuando quiere y un farol que nunca alumbra. Hay papeles, muchos papeles, que hablan sobre moléculas, genes, enzimas y medicamentos.
Los libros son siempre diferentes, aunque algunos sean ya viejos. Hay de todo un poco, desde guías de Bélgica, Inglaterra y Escocia hasta las consabidas Claves para la determinación de plantas vasculares. Y digo consabidas porque a los boticarios nos traen recuerdos de esos (largos) ratos de estudio para el examen práctico de Botánica. Y si lo aprobabas, luego venía el oral. Buf.
Estábamos hablando de los libros. Me gusta leer a los autores británicos en su idioma original. Mola mucho más. Por eso, se pueden encontrar por la estantería casi todos los libros de Harry Potter en inglés, alguno de Sherlock Holmes, Jane Eyre, Alicia en el país de las maravillas o El hobbit. Que no se asuste el lector: libros en español no faltan, ni tampoco el Vademecum y demás. Incluso tuve un herbario hasta el otro día. Pero, como dice sabiamente Michael Ende, ésa es otra historia y será contada en otra ocasión. Tal vez no. Quién sabe.
Los libros son siempre diferentes, aunque algunos sean ya viejos. Hay de todo un poco, desde guías de Bélgica, Inglaterra y Escocia hasta las consabidas Claves para la determinación de plantas vasculares. Y digo consabidas porque a los boticarios nos traen recuerdos de esos (largos) ratos de estudio para el examen práctico de Botánica. Y si lo aprobabas, luego venía el oral. Buf.
Estábamos hablando de los libros. Me gusta leer a los autores británicos en su idioma original. Mola mucho más. Por eso, se pueden encontrar por la estantería casi todos los libros de Harry Potter en inglés, alguno de Sherlock Holmes, Jane Eyre, Alicia en el país de las maravillas o El hobbit. Que no se asuste el lector: libros en español no faltan, ni tampoco el Vademecum y demás. Incluso tuve un herbario hasta el otro día. Pero, como dice sabiamente Michael Ende, ésa es otra historia y será contada en otra ocasión. Tal vez no. Quién sabe.
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